Hasta aquí todo parece perfecto, sin embargo esta historia aún no ha terminado, o al menos no se vislumbra un pleno resultado. Injusticias siempre han existido, lo mismo que hombres empuñando un ideal y muriendo con él. Nuestra historia, dirán muchos, es bella y digna de reconocerse; quien dice o piensa así es que desconoce los pormenores de nuestro pasado no tan pasado, pues todavía nos movemos en una época estancada y sin miras a un progreso...mientras continuemos durmiendo.
Tuvieron que pasar 100 años soportando lo mismo por lo que habíamos combatido, para darnos cuenta de que la dependencia en sí, nunca existió. Seguíamos dependiendo de la minoría, de los aristócratas, de los extranjeros. Seguíamos viendo injusticias por doquier, y nuestras voces no se escuchaban. ¿Qué era entonces lo que faltaba? La respuesta todos la sabían: era sangre, pero nadie hacía nada, y los que algo intentaban desaparecían sin dejar rastro.
Se escucha entonces un nombre: el general Porfirio Díaz, quien tomó las riendas del país por espacio de 30 años. Tiempo suficiente para que lograra disfrazar al país, dando la imagen de un lugar pacífico y seguro...y en efecto lo era, pero lamentablemente sólo para ciertas personas.
Fue Díaz quien se empeñó en "afrancesar" al pueblo, olvidando una parte importante en el desarrollo del mismo: la clase trabajadora. Podría decirse que se llegó a un nivel cultural muy alto, pero estadísticamente hablando, 9 de cada 10 personas vivían sin un futuro prometedor y mucho menos digno.
No es de extrañarse que esto aún esté latente en nuestros días. La clase popular sigue siendo la misma. No hay salarios justos, no hay seguridad social, ningún derecho ni leyes protectoras. Se nacía para sobrevivir, no para soñar; se vivía para trabajar y nunca para progresar. Por supuesto que hubo protestas por parte de los oprimidos, mineros y obreros que clamaban justicia y era ese mismo grito del que obtenían sangre, cárcel y muchas veces la muerte.
Corría el año 1908, cuando las palabras del general Díaz resonaron como incitando a la lucha y al derrocamiento del tirano en la mente del pueblo. Su mensaje consistía en afirmar que el país atravesaba una época donde la democracia hacía valer su voz, y que se estaba preparado para un "cambio" en todos los aspectos, político principalmente. Esta fue la gota que derramó el vaso. Se sintió la libertad de elección, de llevar al país por otros caminos, de arriesgar y sobre todo de salir adelante.
Es ahí mismo donde se da la creación de numerosos partidos políticos que ansiaban terminar con el gobierno del general Díaz e implementar la democracia, el sueño de toda nación libre.
Los grupos variaban, pero los objetivos tenían mucho que compartir: que los impuestos fueran justos, que se respetaran las etnias, desligar a la iglesia de la educación y sobre todo la no reelección de los gobernantes. Importante papel jugó la prensa en ese entonces, de hecho fue un aliciente para despertar conciencia política en el pueblo, de manera chusca a veces, pero siempre dando la esperanza de un mejor mañana.
El llamado estaba hecho, tanto la libertad como la democracia estaban presentes en los anhelos de muchos; sin embargo la realidad era muy distinta, ya que los únicos caminos existentes conducían sin más a la reelección del general Díaz. Todo fue un teatro bien montado, la silla presidencial no cambiaría de dueño, pero la astucia de Díaz era tal, que nos había hecho creer que podíamos elegir el gobierno que quisiéramos.
Surge un rebelde dirigiendo el Club Antireeleccionista, Francisco I. Madero, contando con el apyo de mucha gente, y pese a que se intentó apagar su voz, ni la misma cárcel impidió que su mensaje llegara hasta lo más profundo del pueblo, hasta el más mínimo filamento de sensibilidad de todo aquél que quisiera luchar, no por él mismo, sino por los que vendrán.
Haciendo caso omiso a las protestas se declara la reelección de Porfirio Díaz para el período de 1910-1916.
Madero huye de la cárcel de San Luis Potosí y se dirige a los Estados Unidos, donde redacta el "Plan de San Luis", documento donde desconoce el valor de las elecciones, donde pregona la no reelección y donde se adjudica el poder presidencial, pero sólo de manera temporal, hasta nuevas elecciones e invitando al pueblo a levantarse en armas contra el abuso y el engaño del que fueron objeto.
La fecha: 20 de noviembre de 1910. Surgieron disputas a lo largo y ancho del país, primeramente en los estados de Puebla y Chihuahua. La situación era muy tensa, por un lado la sangre corría a manos llenas, y por otro, un hombre disfrutaba nuevamente el poder. Nada nuevo para nosotros.
Los nombres de Villa y Zapata se convirtieron en estandarte, en ejemplos a seguir hasta la misma muerte si era necesario, mientras que en Chihuahua, Madero establecía su gobierno provisional.
A lo largo de la historia, las revoluciones comienzan desde abajo, en este caso de la tierra, donde la opresión y la injusticia se confabulaba con lo inhumano, creando así un infierno terrenal. Es aquí en esta tierra, donde el que grita sabe por qué lo hace, se sabe qué es lo que quiere, y ya era suficiente. Fue increíble sentir la hermandad, el sufrimiento se compartía, se era una nación propiamente dicha pero aún existía división. Se auguraba una larga lucha que bien valía la pena. Se logra finalmente un cometido, la renuncia del general Díaz, y es aquí donde inicia otra historia, peor que la anterior y la misma que todavía nos rige. Un lugar vacío, una nación furiosa y sin ley...o al menos ésta se desconoce. ¿Quién aceptaría un paquete de esta magnitud? La respuesta está en el aire.
Una luz se cernió sobre el país. La democracia había triunfado, Madero era el héroe, el libertador. Su llegada a la presidencia se comparó a la esperanza hecha realidad. Por fin la paz reinaría en el país, pero ¿por cuánto tiempo?
Se pensó que las cosas se enfriarían, pero no sucedió así. Inclusive, los levantamientos ahora se hicieron en contra de Madero. Los mismos rebeldes que iniciaron la lucha, ahora combatían entre sí, y esto es entendible, puesto que los intereses siempre serán distintos y nunca se estará conforme con lo que se tiene.
La ambición por el poder se dejó sentir. La sola idea de gobernar un país sumido en la pobreza e ignorancia resultaba atrayente para un sinnúmero de personas, principalmente para los más allegados al presidente; la amistad tenía un alto precio. En este caso, Victoriano Huerta, conspirando en contra de su presidente, lo obliga a renunciar para después cobardemente asesinarlo. El pueblo no era tonto y sabía lo que en realidad está pasando. A pesar de los vacíos en su mandato, el nombre de Madero será sinónimo de voz contra un tirano, el despertar de un pueblo, y el inicio de una nueva era.
El afán con que Huerta quería darse a conocer era evidente, algo pasaba en el poder, se veía rígido, militarizado. Imaginemos la situación en cuestión: ni siquiera los mismos políticos estaban a salvo, pues muchos de los que renegaron del nuevo dirigente, inevitablemente tenían que morir, ya no había lugar para gente rebelde e idealista. Lo que menos deseaba Huerta, eran contrincantes, así que poco a poco fue eliminándolos. Hasta sus más cercanos colaboradores los mantenía a distancia.
La historia se repite sin cesar, y surge en el estado de Coahuila un nuevo líder: Carranza. Este, como muchos otros, otorgaron a la Constitución un lugar preponderante en la guía del "nuevo país" y como Huerta no la valoraba, tampoco el pueblo, según Carranza, tenía el derecho de reconocer a Huerta como su máximo dirigente.
No hace falta numerar cuáles eran los objetivos de este nuevo grupo opuesto al gobierno. Básicamente era lo mismo que años atrás: quitar a uno, postular a otro y que se quede aquél, siempre ha sido así y seguirá siendo así, es nuestro destino, pues lamentablemente es lo que queremos.
Era la Constitución de 1857 la que regía al país, Carranza se ocupó de ello impidiendo alguna que otra intervención extranjera; puntos a su favor, pero no los suficientes como para ganarse la confianza de una nación entera.
Seguían las discrepancias entre los mismos constitucionalistas, pues una vez derrocado Huerta se marcaron mucho más las diferencias entre carrancistas, villistas y zapatistas.
Nunca hubo entendimiento entre Carranza y Zapata, los polos opuestos de la moneda, de la sociedad tal vez. Zapata sólo aspiraba a la justicia, pero entendiéndola como algo abstracto y fuera de nuestro alcance, sólo deseaba una justicia en el campo, veía en la tierra la esperanza tan anhelada, el desarrollo del hombre en sí mismo...eso era lo que él mismo entendía por aquello de "Tierra y Libertad".
Los antes compañeros ahora tomaban rumbos distintos. Quizás el poder cegó a Carranza de sus objetivos iniciales, o la verdad, es que nunca le interesó el bienestar del país, pero digamos que se olvidó un poco de lo referente al campo y la repartición de tierras, que eran el motor de los levantamientos tanto de Villa como de Zapata.
Estaría de más decir lo visionario que fue Carranza al rehacer la antigua constitución y adaptarla a los tiempos venideros. Y es este mismo documento el que ahora se conserva desde aquella época: 1917, 60 años después que su antecesora. Preguntémonos entonces y reflexionemos, si no hará falta una nueva constitución, nada de reformas ni cosas por el estilo, tirar al pasado lo escrito y elaborar algo nuevo.
La ley siempre ha perseguido los mismos fines, la novedad estriba en que éstos nunca se alcanzarán, porque no es conveniente. A un gobierno no le conviene que el pueblo sea educado ni que piense por sí mismo, sería como ahorcarse con la soga que uno mismo teje.
Desde luego que la constitución no a todos favorece, a unos porque tienen y a otros tantos porque carecen de lo que creen tener.
Nadie es monedita de oro como popularmente se dice, y en efecto así sucedió con Carranza, ya que estando por terminar su mandato dio muestras de ser un individuo carente de principios, pues actuó de mala fe al proponer un candidato para la presidencia del país, y si se puede decir, obligando al pueblo entero de apoyarlo. Nada lejos de lo que ahora acostumbramos llamar como "dedazo".
Tal actitud provocó un rechazo en el pueblo, principalmente en el estado de Sonora, donde se comenzaba a escuchar el nombre de Álvaro Obregón, posible sucesor de Carranza, razón de más por la que éste último retirara su total apoyo hacia ese estado en particular, violando de esta manera la misma constitución que con tanto esmero había restablecido.
Volvemos de nueva cuenta al tema de traición y muerte, aunque quizás en este caso se justifica, pues se quita un gran obstáculo en el camino a la democracia como lo era el mismo Carranza. Se estableció la paz por unos momentos con la llegada al poder de Obregón: es aquí donde inicia una época distinta. El país se regiría usando la constitució como norma suprema.
Se respiraban atmósferas de fuerza espiritual tremendas. La misión ahora era levantar al país de los golpes tan duros que había recibido años atrás. Lo importante era comenzar y se hizo de muy buen modo. La educación, el campo, los obreros, todo era primordial para tomar las riendas de un país que se levanta de sus ruinas y que se empeña en progresar. México se abrió al mercado internacional; fue una época dorada en la política de la Nación.
Luego con Calles se continúa la utopía de un México culto, educado y justo. Fue este mismo dirigente quien hizo la famosa reforma de reelección presidencial, siempre y cuando esta no fuera sucesiva, con miras a que Álvaro Obregón fungiera como lo que había sido: el único hombre capaz de sacar a la nación de las tinieblas.
El resultado fue más que obvio, Obregón subiría al poder por segunda ocasión. Sin embargo, y como era de esperarse, surgió la preocupación de aquellos grupos que tenían mucho que perder si se implementaba un gobierno "honrado", manifestando de inmediato su desaprobación con el asesinato del general. Una bala que representó ese deseo mezquino de las clases pudientes, de seguir en el mismo lugar en el que ahora se encuentran. Aburrida historia, nada confusa, pues todo lleva a lo mismo: poder, ambición y sobre todo traición. Se termina con Ávila Camacho el régimen de los generales e inician los períodos civiles con Miguel Alemán en 1946.
Revolución Mexicana, he ahí nuestra historia, no podemos cambiarla, pero sí aprender de ella. Carece de nombre la situación que actualmente vivimos. Se nos han estado ocultando muchas cosas, nos angustia el hecho de hacer algo sin saber cómo empezar. Casi la mitad de mi corta vida, me ha carcomido la duda de saber por qué estamos como estamos. No busco culpables, no los hay. Todos y cada uno de nosotros somos responsables de la vida que nos toca vivir.
Hace diez años nuestro país cayó en un pozo del que aún no ha logrado salir. Nuestro mundo se está cerrando cada vez más. Nosotros, como jóvenes, como mayoría, debemos hacer algo cuanto antes. No promuevo una anarquía, pero sinceramente creo que llegó la hora en que tenemos qué evolucionar cueste lo que cueste. El pueblo merece algo digno, algo humano.
Vivir al día, con un empleo que no nos satisface al cien por ciento porque no hay más de dónde escoger, porque decimos que no se nos brindó la oportunidad de salir adelante, porque se nos mantiene con los ojos vendados hacia una verdad que nos lastima y que a todos nos compete. Corrupción es la ley que nos ampara. Vicente Fox terminó con el partido de la minoría, esto es histórico, pero más histórico aún, sería el que nos ayudáramos unos a otros como lo que somos: una nación con sueños de libertad y de justicia.
Es realmente triste el ver en los distintos medios de comunicación que nuestra situación va empeorando, que muchos de nosotros, por la falta de esperanza quizás, vamos en busca del famoso sueño americano sin saber lo que encontraremos detrás y la mayoría de las veces, sin poder alcanzarlo. O cuando vemos esa multitud de niños que hacen de la calle su único vehículo de aprendizaje, encontrando refugio en las drogas, el pandillerismo, la prostitución...y todo esto existe, lo vemos a diario y no movemos un dedo siquiera, no tanto para remediar, sino tan sólo por ayudar. Estamos hartos de eso que llamamos impunidad, de que la ley tenga prioridades, de que se aplique sólo a quien no tiene con qué defenderse. Es injusto todo esto. Religión, política y narcotráfico, todo es lo mismo, todos quieren el poder, el dinero, el estatus. Nada existe en este lugar, nuestra mentalidad se limita a saber si comeremos en el transcurso de un día, o si estaremos con vida al siguiente. Ya no hay tranquilidad. No es necesario leer la historia para saber lo que una dictadura significa; la estamos viviendo en carne propia. Continuamos siendo el único y más importante medio de manutención de los que algún día nos gobernaron. Seguimos llenando los bolsillos de aquellos que deciden cuáles leyes nos favorecen y cuáles no.
Actualmente se muere por idealista, por pensar en un futuro prometedor, para uno mismo, y para todos. Olvidemos la historia, nada de lo que nos dicen es verdad. No hubo independencia, no hay revolución. La única historia es hoy: luchar por lo que se cree. El vivir bien es un derecho que tenemos como seres humanos. Alcemos nuestra voz, unamos fuerzas y acabemos de una vez por todas con todo esto. No existe un futuro, como tampoco un pasado. Imaginar que hoy es el último día de nuestra existencia, haciendo algo por nosotros mismos y muchas cosas cambiarán, empezando con lo que es justo, y más tarde por lo que es la libertad..."
Don Vasco
(2003)
(Segundo lugar en el "II Certamen de Ensayo sobre la Revolución Mexicana", organizado por la Presidencia Municipal, Secretaría de Educación, Cultura y Deporte Municipal en H. Matamoros, Tamaulipas. 27 de noviembre del 2003)
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